Pese a la drástica caída de los flujos de inversión directa en el exterior (IED) a partir de 2009, las filiales en el extranjero de las empresas españolas han experimentado en su conjunto una evolución claramente positiva, recuperando el crecimiento de su cifra de negocios y niveles de rentabilidad a partir de 2010. Así lo refleja el “4º Informe del Observatorio de la Empresa Multinacional Española (OEME)”, promovido por ICEX y ESADE, con el apoyo de la Fundación PwC.
El estudio realiza una completa radiografía de la evolución de la empresa multinacional española durante los últimos diez años, antes y durante la crisis. La misma ha representado un freno muy importante en el ritmo de inversión en el exterior de las empresas españolas en comparación con los años inmediatamente anteriores, en que se habían alcanzado volúmenes excepcionalmente elevados. En concreto, los flujos netos de inversión exterior directa emitidos en el periodo 2009-2013 se redujeron a una quinta parte del volumen alcanzado en el quinquenio anterior, circunstancia que comportara que la economía española deje de ser una de las principales emisoras de IED a nivel mundial y se posicione como un inversor mediano (decimoquinto en 2013), en línea con su peso en la economía internacional.
No obstante, esa tendencia contrasta con la evolución de las filiales en el exterior de las empresas españolas, que fue, en términos agregados, claramente positiva. Porque lo cierto es que, tras la caída del comercio internacional y el parón de la economía mundial del año 2009, las filiales en el exterior recuperaron el crecimiento de su cifra de negocio y su rentabilidad volvió a niveles pre-crisis, en marcado contraste con la evolución experimentada con las empresas que operaban en el mercado español.
Además, cabe destacar la importancia de la producción internacional de las filiales en el exterior, medida por su cifra de negocio, que a partir del año 2007 supera al volumen total de las exportaciones de bienes y servicios de la economía española, hecho especialmente remarcable si se tiene en cuenta la positiva evolución de las exportaciones españolas en estos últimos años. En esa línea, destaca la producción internacional de las filiales en el exterior que operaban en los sectores primario e industrial, que evolucionaron de forma paralela a la de las exportaciones españolas de bienes. Estos datos apuntarían, al menos a nivel agregado, tal y como reseña Xavier Mendoza, profesor de ESADE y director de OEME, a que “la multilocalización productiva, especialmente en los grandes países emergentes, no sólo permite producir localmente con costes competitivos los bienes demandados por las clases medias, sino que también facilita a las empresas industriales españolas mantener la exportación productos de gama alta y mayor valor añadido”.
El OEME constata, por otra parte, que tras 2008, y a consecuencia de la crisis, se han producido algunos cambios de estrategia en las inversiones exteriores de las multinacionales españolas, sobre todo en lo referente a sectores de inversión y geografías, además de a modalidades de inversión. En cuanto al primer factor, la drástica contracción de la inversión española en el periodo 2009-2013, respecto a 2004-2008, es generalizada prácticamente en todos los sectores destinos, salvo en el caso de las actividades profesionales, científicas y técnicas, que experimentaron un crecimiento realmente notable. En ese sentido, el informe identifica con una evolución especialmente negativa la industria manufacturera, la hostelería y las utilities públicas (suministro de electricidad y gas, suministro de agua, y telecomunicaciones), sectores todos ellos precisamente intensivos en capital.
En lo que se refiere a destinos geográficos de inversión, Xavier Mendoza destaca “la pérdida de la supremacía de los países de la UE-27 como destino mayoritario (del 79,1% en 2004-2008, han pasado a representar el 32% en 2009-2013) y el creciente protagonismo de América del Norte y Latinoamérica (en especial Brasil), que terminaron absorbiendo el 23,5% y el 23,3%, respectivamente, de toda la IED neta del periodo 2009-2013”. Por último, la inversión dirigida al resto de Europa, en especial Turquía, y a Asia y Oceanía también ganaron peso, mientras que se desinvirtió en los países de la ampliación de la UE y en África, traduciéndose en flujos de IED neta de signo negativo.
El tercer cambio significativo en cuanto a estrategia es el que se deriva de la necesidad de mitigar los efectos de la fuerte restricción crediticia. Para ello, las multinacionales españolas optaron, a partir de 2009, por las operaciones de “greenfield” como modalidad predominante de inversión internacional, mientras que en el periodo anterior lo habían sido las adquisiciones.
En cuanto a las perspectivas a corto y medio plazo, “algunos analistas plantean que bien pudiéramos estar a las puertas de la tercera oleada de inversión en el exterior por parte de las grandes multinacionales del IBEX 35 —comenta Mendoza—, pero más allá de posibles adquisiciones concretas que se puedan conocer, existen una serie de aspectos clave que apoyan dicho pronóstico: la recuperación de la rentabilidad de las filiales en el exterior de las empresas de los sectores de energía, telecomunicaciones y servicios financieros; la disposición de muchas empresas a crecer mediante adquisiciones y el más fácil acceso a los mercados de capitales por parte de las empresas españolas debido a la bajada de la prima de riesgo y, por tanto, la reducción en los costes de financiación”. Sin embargo, las perspectivas no son optimistas para las multinacionales de menor tamaño, y en especial las industriales, en las que la cuarta edición del OEME no prevé incrementos significativos de IED a corto plazo. La razón principal es el deterioro de la rentabilidad de sus filiales en el exterior, junto con la creciente presión competitiva ejercida por los productores de las economías emergentes.
Y en lo que toca al destino geográfico de las inversiones en el exterior durante los próximos años, en el caso de las grandes multinacionales del IBEX-35 todo apunta a que la nueva fase de adquisiciones internacionales se destinará a complementar los activos que poseen las regiones en las que ya están presentes (principalmente Europa, América Latina y Estados Unidos), más que a incrementar su presencia en nuevas geografías.










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