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La adicción a las tres pantallas

Por   /   12 septiembre, 2016  /   Sin Comentarios

Por Verónica Rodríguez de Orellana, Terapeuta y Directora de Coaching Club, Centro de gestión emocional y coaching grupal.

 

Tres pantallas, la del televisor, el móvil y el ordenador, enmarcan la vida diaria de los adultos, niños y adolescentes. Los niños y jóvenes pasan con ellas la mayor parte de su tiempo libre, Tres pantallas, de Pixabaypero el problema llega por la adicción y la hiperconectividad a la que la sociedad y los trabajadores se encuentran sometidos.

La realidad es que 3 de cada 5 españoles afirman utilizar los tres dispositivos a la vez un par de horas al día, preferentemente por la noche en casa. Generación multimedia, nativos digitales o como queramos definirlos, y no sólo por la versatilidad de los aparatos y medios tecnológicos de que disponemos, sino también por la simultaneidad en su utilización: mientras se ve la televisión, se habla por el móvil o se escucha música por el ordenador, la inter-dependencia es total.

Esta subordinación al mundo tecnológico y esa modalidad del multiproceso provoca verdadero resquemor y desazón en los padres, toda vez que consideran que tanta fragmentación de la actividad, de la dedicación y de la atención incidirá negativamente en el rendimiento escolar de los hijos. Sin embargo, no existen estudios que ratifiquen o corroboren esta negativa repercusión, tal vez porque resulta un suceso novedoso, y no podemos asegurar que, si un niño se acostumbra a utilizar varios «gadgets» a la vez que estudia, vaya necesariamente a suspender en la escuela o siquiera va a aminorar su rendimiento.

Debemos admitir y asumir que, simplemente, los procedimientos han cambiado y los jóvenes de ahora tienen un modo distinto de aprender, de relacionarse con el entorno; en suma, de concebir el mundo. Que el atractivo de la lectura ya no sólo depende de la calidad literaria o de contenidos del autor, sino que enlaza directamente con el soporte utilizado para disfrutarla.

La atadura del teletrabajo por medio de las pantallas

En cualquier caso, se da una paradoja con el uso de las tres pantallas, porque lo cierto es que los adultos nos hemos pasado media vida fantaseando con la posibilidad de suprimir las ataduras que implicaba el trabajo, soñando con la conciliación familiar, con el teletrabajo, y sin embargo, la mayor movilidad de la que ahora se disfruta esconde y encubre una nueva forma de dependencia y de subordinación, ya que por medio de las tres pantallas cualquier lugar puede transformarse en un puesto de trabajo y cualquier instante puede devenir en horario laboral con motivo de la aparición y desarrollo de la tecnología.

Por eso, en Coaching Club creemos que se está pagando con creces la libertad de movimientos mediante el terrible peaje de estar disponibles en todo momento y en todo lugar. Esto genera un incremento de la tasa de estrés, presión y angustia en los trabajadores, que se ven vinculados al teléfono móvil, al ordenador portátil y a la hiperconectividad casi las 24 horas del día, incluso en vacaciones o fines de semana.

La verdad es que el nivel de exigencia a la hora de maximizar el rendimiento laboral ha alcanzado límites insospechados, y esta implicación no viene solo impulsada por los sujetos que controlan nuestro trabajo, sino que se ha convertido en una especie de auto explotación, mucho más eficaz desde el momento en que va acompañada de una engañosa sensación de libertad.

Hiperconectividad y adicción

Si bien la adicción a Internet y a los dispositivos digitales no está todavía contemplada en la última versión del “Manual de Diagnóstico y Tratamiento de los Trastornos Mentales”, existen estudios realizados en varios países que muestran una creciente y global preocupación al respecto, resaltando un incremento insoslayable de tal adicción o del uso compulsivo de los móviles y de sus aplicaciones, hasta cifrar en 176 millones los usuarios con este tipo de dependencia.

Lo cierto es que resulta reseñable el modo en que se ha disparado el número de aplicaciones (apps) para los móviles y tablets, ofreciendo así soluciones para sencillos actos de la vida cotidiana y nuevas maneras de establecer un cierto orden en un mundo tan caótico como en el que ahora nos desarrollamos. Sin embargo, el problema surge cuando la línea que separa el uso del abuso se torna delgada e imperceptible, hasta tal punto que los problemas que ocasionan superan a las soluciones y la dependencia alcanza unos límites que imposibilitan nuestra propia autogestión en ausencia de estas tecnológicas ayudas.

Es importante resaltar, no obstante, que no todas las personas son susceptibles de desarrollar una adicción, ya que para ello se requiere la presencia de una serie de factores, entre los cuales destaca la propia vulnerabilidad y predisposición particular del individuo.

Síntomas de preocupación de adicción

Cuando la ansiedad comienza a ser evidente, acusada y persistente, generando una necesidad imperiosa de tener que revisar una y otra vez el móvil o la tablet, utilizar una determinada app o un absorbente juego.

Cuando se siente que la utilización del móvil o la tablet regula y condiciona de tal modo el funcionamiento de nuestra vida que comenzamos a tener problemas de tipo laboral, socio-afectivos e incluso de salud, motivados, por ejemplo, por restar horas al descanso, principalmente en la noche, al prolongar la conexión hasta altas horas de la madrugada, al no realizar ninguna actividad física debido a que cada vez nos queda menos tiempo libre, etc.

Cuando nos encontramos enojados, exasperados y angustiados si no logramos conectar, si falla el wi-fi, si no funciona la app requerida o si se corta la conexión.

Cuando empezamos a sentir problemas de salud tales como irritabilidad en los ojos, molestias y contracturas en la espalda asociados a una mala postura o a un exceso de horas en idéntica posición, dolores de cabeza, etc.

Consejos para desengancharnos de la tecnología

—Vivir y disfrutar intensamente el presente sin estar nunca más pendientes de inmortalizar un momento en un “post” o una imagen para compartirla inmediatamente con el círculo virtual de las redes sociales.

—Estar abiertos al mundo y a lo que pasa alrededor de nosotros sin aislarnos con cascos para escuchar música cuando estamos en el metro o mirar fijamente una pantalla cuando paseamos por la calle.

—Gozar de los placeres de una película o de un concierto sin estar pendientes de lo que está ocurriendo en Facebook o Twitter.

—Saber escuchar a los demás sin interrumpir nuestra capacidad de concentración y distraernos mirando, sin necesidad, el teléfono.

—Comprender que estar desconectado de vez en cuando significa estar conectado a lo que está ocurriendo ahora mismo en un presente que en muchas ocasiones nos olvidamos de vivir.

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Sobre el autor

Tras casi 35 años posicionada como la principal revista económica especializada en gestión y management, y habida cuenta de los nuevos modos y necesidades de sus habituales lectores (directivos, emprendedores y empresarios en un 90% de los casos), NUEVA EMPRESA lleva apostando desde principios de 2009 por el mercado digital, convirtiendo la Web en el principal punto de nuestra estrategia, dejando la edición en papel exclusivamente destinada a números especiales sin una periodicidad estipulada.

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