Autor: Jorge Wagensberg.
Editorial: Now Books (Colección “Memorias De dónde vengo”) 2015.
Niño de la postguerra española, uno de nuestros más reconocidos intelectuales y divulgadores de ciencia, Jorge Wagensberg, descendiente de una familia judía proveniente de Polonia que había huido a Barcelona durante la II Guerra Mundial, rememora en este libro sus andanzas de infancia por la Ciudad Condal.
A partir de su idea de que aquellos años están en la raíz de lo que le ocurre hoy, de los frutos actuales, el autor, físico, museólogo y escritor con más de una veintena de obras a sus espaldas, recuerda así detalles como la atmósfera de entonces, sus andanzas de colegio, la vida de los barrios, su contacto con la música y los deportes, sus años en activo e incluso de la vida de una pequeña comunidad judía en la España de los años Cincuenta y parte de los Sesenta. Y a la vez reflexiona sobre multitud de cuestiones con la lucidez que un intelectual de su categoría posee: religión y ciencia, la religión en las escuelas, las creencias y las supersticiones, los fanatismos, la creatividad frente a la mediocridad, el progreso moral, la ciencia y la ciencia-ficción, la museología científica…
Expone así un relato salpicado con anécdotas curiosas y divertidas; en definitiva, historia, conocimiento y humor juntos en un libro que pretende estimular el espíritu crítico. Muestra de todo ello, ya es el propio párrafo con el que arranca el libro:
“Nací en la madrugada del miércoles 2 de diciembre de 1948, en Barcelona, en una clínica donde confluyen en ángulo agudo las calles de Ganduxer y Modolell. El médico programó el nacimiento para no perderse el `Rigoletto´ de Giuseppe Verdi, que le tocaba aquella noche en el Gran Teatro del Liceo, así que fui recibido en este mundo por un señor que vestía de gala y lucía pajarita.”
Es la vida de Jorge, sus recuerdos, hasta donde le alcanza su memoria, pero es también el reflejo de un entorno en el que los muchos españoles se hubieron de manejar y con el que sin duda se identificarán la gran mayoría de los ciudadanos nacidos sobre todo en las décadas de los Cuarenta y los Cincuenta.
En su despedida, el autor incide en el último párrafo de esta obra (correspondiente, no obstante al Prólogo, que sin embargo ha situado sorprendentemente en la última página del libro) que “puestos a escribir la propia historia, la tentación de mejorarla, aunque sea solo un poco, asoma cada dos por tres. He intentado concentrarme para contener este impulso, para que no haya ni siquiera un gramo de azúcar añadido. Ni de vinagre. Paseando por la infancia uno se da de bruces con la ignorancia que uno tiene sobre sí mismo. Se aprende mucho. Ha sido una sorpresa”.
¿Algunos años después? Sí, han pasado más de 60 desde entonces, pero estos de ahora son sus frutos y, además, repasando aquel entonces se puede aprender para hoy.










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