Autor: Pedro Bermejo.
Editorial: Ediciones Pirámide (Colección “Empresa y Gestión”) 2015.
El cerebro siempre decide, desde luego; y también en cuestiones económicas, algo para lo que, sin embargo, no está especialmente dotado (lo está en verdad sobre todo para garantizar la propia supervivencia), de manera que, en no pocas ocasiones, se deja arrastrar antes por las emociones que por la razón, lo que está, por principio, reñido con el mundo de las finanzas, pudiendo por tanto conducir a veces a tomar decisiones erróneas, con costo importante para nuestro bolsillo.
De esa realidad parte este libro del doctor y profesor en Neurociencia y su aplicación a la vida y a los negocios Pedro Bermejo para exponernos un texto que instruye en la tarea de aprovechar precisamente el cerebro para optimizar las decisiones económicas y, muy concretamente, en las operaciones del mercado de valores.
Lo cierto es que la neurociencia está cambiando el panorama económico actual, pues al margen de demostrar que somos mucho más emocionales y menos racionales de los que nos gustaría, pone de manifiesto asimismo que cuando decimos realizar una inversión interviene una gran cantidad de factores que son inconscientes y que no contralamos. Por ejemplo, tenemos una tendencia mayor de lo que pensamos a copiar lo que hacen los demás, nos dejamos influir más por las personas atractivas del sexto contrario, e incluso el ciclo solar puede determinarnos en actuar en una línea o en otra.
De esa manera, no es de extrañar que en ocasiones uno pague sin dudar el doble por un café de Starbucks que por uno del bar de la esquina; o que invirtiera cuando la Bolsa estaba más cara; o que adquiriese preferentes porque se lo recomendó su banquero; o que comprase un piso para especular simplemente porque así lo hizo su primo; o que… en fin, situaciones poco racionales pero que el cerebro en un momento determinado juzgó como buenas.
Todos estos comportamientos no responden a la lógica ni se explican mediante las teorías clásicas de la economía, que se basan en las matemáticas y en la estadística. Hay algo más, algo que nos lleva a actuar de un modo erróneo y a evitar las decisiones racionales. Y ese algo más no es otra cosa sino el cerebro humano.
En ese sentido, la obra utiliza los últimos conocimientos en la neurociencia para explicar cómo funcionan los mecanismos de nuestro cerebro, cómo se enfrenta con las decisiones económicas y, por supuesto, porqué cometemos errores en las decisiones financieras. Pero, además, este libro también enseña a no culparse por esas decisiones (solo indican que eres humano y que tienes emociones) y a utilizar los conocimientos de la neurociencia para mejorar las inversiones y lograr más rentabilidades de las mismas. De alguna manera, puede instruir en la fórmula para “prevenir” el comportamiento real de los mercados y no dejarnos llevar por lo emocional.
En esa línea el autor analiza cuestiones como: la relación de la Neurociencia y el mercado de valores en el siglo XXI; las situaciones de ansiedad, miedo o pánico a la hora de las inversiones bursátiles; las respuestas del cerebro ante el “crack” en el parqué; los distintos errores (de proyección, de comparación de la forma de pago, de probabilidad, de confianza e ilusión de control) que pueden acaecer ante la cotización de acciones; cómo el cerebro percibe el precio de las acciones o cómo interpreta las noticias económicas; las diferencias en la toma de decisiones de inversores en función de su sexo, edad, cultura e incluso de pensamiento político; la influencia de los factores externos (incluso del tiempo que hace o de la hora que es), etc.
En definitiva, todo un compendio y hasta una metodología para rentabilizar las decisiones financieras. Y eso sí, como conclusión general, dos ideas definitivas siempre antes de lanzarse: tomarse tiempo, pensar con calma; y también considerar que equivocarse es humano, ocultar los errores, una estupidez, y no aprender de ellos es imperdonable.








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