
Innovar en productos y servicios es imprescindible para la supervivencia empresarial, pero no suficiente para conseguir resultados extraordinarios, porque en un mundo de cambios hiperacelerados la obsolescencia de los mismos se produce a velocidad de vértigo. Por eso, la auténtica ventaja competitiva está en la generación continua de ideas. De hecho, la pasión por tener y renovar las ideas es lo que crea el potencial necesario para obtener resultados extraordinarios.
El problema es que el status quo y los viejos filtros actúan como pesadas losas en el seno de las organizaciones y gestionamos nuestras organizaciones desde la rutina. Por eso, encontrar nuevas ideas se vuelve difícil, porque solemos hacer lo que siempre hemos hecho y la rutina nos hace perder oportunidades de éxito.
Necesitamos ‘resetearnos’ de vez en cuanto, tanto individual como corporativamente. Desde luego, las compañías necesitan reinventar sus modelos de negocio, pero sobre todo, y antes de todo, sus modelos de gestión para que favorezcan el desarrollo de ecosistemas creativos, innovadores y que promuevan la generación y renovación de ideas. Las organizaciones que se encuentran bajo procesos innovativos deben aprender a reinventar sus modelos de gestión para ayudar a sus equipos y colaboradores a dar sentido a las ideas y construir propuestas de valor.
En este sentido, el “design thinking”, o “pensamiento de diseño”, resulta una herramienta que se está aplicando actualmente con éxito en las organizaciones inmersas en estos desafíos, dado que “design thinking” es un proceso que trabaja la generación y evaluación de ideas; o dicho de otro modo, que hace visible el pensamiento organizacional a partir de cinco elementos fundamentales: conocimiento, atención consciente, curiosidad, esfuerzo y generación de alternativas.
Uno de los principales atributos de la aplicación del “design thinking” a la gestión empresarial es que concibe la innovación como un proceso, y no como un suceso; es decir, se centra en la innovación que crea valor. En él se dan cita tanto el pensamiento creativo como el pensamiento lógico, dos tipos de pensamiento que no se excluyen sino que se necesitan dentro del mundo empresarial, porque mientras el pensamiento creativo busca nuevas ideas y asume riesgos, el pensamiento lógico confirma las ideas y valora los riesgos.
Pero, sobre todo, el “pensamiento de diseño” aporta a la gestión de personas cinco cualidades extraordinarias:
- Se crea desde la empatía, desde la comprensión y la escucha activa
- Desde un pensamiento integrador y global, al que todos aportan
- Con la experimentación como método de trabajo
- Desde el disfrute de la colaboración con los demás
- Desde una visión positiva y optimista de la realidad.
Por Fernando Botella, CEO y fundador de Think&Action
(*) Resumen de la conferencia impartida a finales de abril 2012 durante la celebración del desayuno de trabajo “Design Thinking en RRHH”, organizado por AEDIPE Centro y Think&Action.










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