Ya ha saltado la noticia: España, junto con diez países de la Unión Europea, entre los que se encuentran Italia, Alemania y Francia, instaura una tasa a las transacciones financieras internacionales. El objetivo de este acuerdo, firmado el pasado día 9 de octubre tras meses de incertidumbre y argumentas diversas, es frenar la especulación y hacer que la banca asuma parte de los costes de la crisis.
Esta tasa, famosamente conocida como “Tasa Tobin”, es un impuesto sobre las transacciones financieras que fue propuesto por el economista estadounidense James Tobin allá por el año 1971. Esta tasa recuperó la atención pública cuando su aplicación fue propuesta de nuevo en los años Noventa por el movimiento antiglobalización, y se ha puesto de moda ahora con motivo de la situación económica.
En su origen, el objetivo de esta medida era frenar la volatilidad de los mercados cambiarios internacionales; pero en su nueva formulación se propone que su recaudación se destine a fines sociales o que tenga por objetivo el control de crisis financieras como la de la deuda soberana europea.
La futura tasa, cuya instauración está prevista para 2014, aunque volverá a discutirse este 12 de noviembre, gravaría con un tipo del 0,1% las compraventas de acciones y bonos y con un tipo del 0,01% las de derivados, warrants y opciones. De esta manera, si se implantara en toda la UE, el nuevo impuesto generaría unos ingresos de 56.000 millones de euros al año y, en el caso de nuestro país, según un informe de CC.OO., podría recaudar 6.000 millones de euros.
España ha querido subirse al carro de los países que la van a implantar en la medida que servirá, en principio, para rebajar el déficit público y paliar la crisis monetaria y financiera, si bien es cierto que otros estados de la Unión Europea no están de acuerdo, como es el caso de Gran Bretaña. Y es que la otra cara de la moneda es considerar que la tasa provocará que ciertas transacciones financieras se deslocalicen y se vayan fuera de la UE, si bien alegan que, si se suman a la iniciativa las principales plazas bursátiles del mundo, como Nueva York, Singapur, Shanghái y Hong Kong, quizás ellos también lo hagan.
Según lo anunciado, está previsto que sean las propias entidades bancarias las encargadas de liquidar y pagar dicha tasa. ¿Lo más probable?: las cargarán al cliente, es decir, a los ciudadanos que operemos con dichos valores. Por lo tanto, esta medida nos repercute a todos los españoles, seamos especuladores o simplemente queramos aprovechar las opciones de inversión que ofrecen estos productos.
Porque, como dijo Pablo Picasso,
Me gusta vivir pobre, pero con mucho dinero.
Como conclusión, creemos que la rueda sigue girando sobre el mismo eje: más gravámenes, más impuestos y más tasas. Aunque esta vez le toque a los bancos y grandes inversores asumir esta medida, no deja de ser una opresión a la libertad de movimiento de capitales.Movimiento que, a fin de cuentas, sirve para recaudar más, posiblemente para deslocalizar las transacciones económicas fuera de la Unión Europea, generando, en definitiva, más economía y más riqueza, estimulando el consumo.
Por Antonio Juan Pérez Madrid, Coordinador del Departamento Fiscal de Carrillo Asesores Tributarios y Abogados, SLP










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