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Arévalo y Medina del Campo, de la mano de “Las Edades del Hombre” y de Isabel “La Católica”

Por   /   10 septiembre, 2013  /   Sin Comentarios

Castillo de ArévaloRuta de Isabel la Católica de Arévalo a Medina del Campo

La escapada a Arévalo puede resultar perfecta para descubrir la “Ruta de Isabel La Católica”, ya que, aunque su vida estuvo relacionada con toda Castilla, la comarca de la Moraña y sus alrededores tuvieron para ella un significado especial.

Nacida en 1451 en Madrigal de las Altas Torres, donde se conserva su casa natal, la cual es de visita obligada, Isabel fue bautizada en su todavía hoy conservada pila bautismal de la Iglesia de San Nicólas de Bari. Con muy pocos años se trasladó sin embargo a Arévalo, donde pasó su niñez. Es verdad que no se conserva el palacio donde habitó, pero lo cierto es que toda la ciudad de Arévalo inspira a Isabel “La Católica”, y muy especialmente su castillo.

Ella recorrió buena parte de España, pero en su mente siempre estuvo la tierra que la vio nacer, si bien tal vez uno de los lugares más asociados a los últimos años de su vida, y adonde regresó a morir, es Medina del Campo. Al ser la villa en la que los Reyes Católicos moraban durante largas temporadas, tuvo gran importancia como escenario histórico durante el siglo XV y en ella Isabel y Fernando gobernaron sus reinos, recibieron embajadas, impartieron justicia y organizaron las instituciones de la que se configuraba en aquella época como una de las naciones emergentes en el viejo continente.

Cuadrol del testamento de Isabel La CatólicaEsta relevancia tiene su reflejo en un rico patrimonio arquitectónico, en el que destacan varios edificios monumentales, como el Palacio Real (s. XIII), ubicado en la Plaza Mayor de la Hispanidad y en el que “vivió, testó y murió” Isabel I de Castilla. Declarado “Bien de Interés Cultural” con categoría de “Sitio Histórico”, fue sometido a un importante trabajo de rehabilitación y puesto en valor como “Centro de Interpretación”. Rebautizado actualmente como Museo Palacio Real Testamentario de Isabel La Católica, es un interesante espacio de encuentro –a través de modernas herramientas interactivas– con la historia de la villa y con la figura de la Reina, desde su nacimiento a su muerte. Recibe el nombre de Testamentario porque en 1504 fue testigo del momento en el que Isabel, a punto de fallecer, dictó su testamento y posterior codicilo, o documento complementario. Su interior alberga sus réplicas, así como las de su dormitorio y la del conocido (el original se encuentra en el Museo del Prado) cuadro de Eduardo Rosales, elaborado en 1864 y que recoge precisamente el momento en el que la reina Isabel dictara testamento.

Plaza mayor de Medina del CampoCerca de la Plaza Mayor, caminando por la calle Maldonado, se llega a las Reales Carnicerías. Su construcción fue autorizada por los Reyes Católicos en 1500, aunque las obras comenzaron en el reinado de Felipe II, ya en pleno siglo XVI. Su objetivo fue abastecer de carne a la población de Medina del Campo y hoy mantiene una función similar como mercado de abastos.

Medina del Campo, ‘Villa de las Ferias’, debe este apelativo justamente a las ferias mercantiles que se han celebrado desde los siglos XV y XVI. Los Reyes Católicos les otorgaron el privilegio de ser “ferias generales del Reino” y en el Medievo alcanzaron prestigio internacional. A las mismas acudían mercaderes de toda Europa con todo tipo de productos de la época, los cuales se exponían en la Plaza Mayor. De obligada visita, ésta mantiene sus originales grandes dimensiones y en ella se encuentra la casa consistorial, a la vez que constituye un lugar muy agradable para ir de tapas y realizar compras en los establecimientos de sus soportales.

Museo de las Ferias de Medina del CampoMención aparte merece el Castillo de La Mota, colocado a las afueras de Medina, al otro lado del río Zapardiel, y que es sin duda uno de sus edificios más emblemáticos. Se trata de una auténtica fortaleza y constituye una de las mejores conservadas de España. Aunque se construyó a lo largo de distintas etapas, fue en la segunda mitad del siglo XV cuando se levantó la Torre del Homenaje (40 metros de altura, la más alta de Castilla) y en sus estremecedoras galerías subterráneas se encuentra la mazmorra a la que se arrojaba a los prisioneros de guerra (César Borgia y Hernando Pizarro pasaron por aquí), de donde muchas veces nunca más salían; unos agujeros a los que se les solía llamar también pudrideros.

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