La reestructuración llevada a cabo por los grandes bancos europeos desde el inicio de la crisis ha supuesto una sustancial reducción de su tamaño (solo entre 2012 y 2013 sus activos cayeron un 11%, aunque en el conjunto de los cinco años se ha limitado a un 3%, al pasar de 1.097 a 1.064 millones de euros), pero también han mejorado sensiblemente sus ratios de capital, a la vez que han conseguido rebajar de modo relevante su exposición al riesgo (sus activos en esta situación se limitan al 34,6%, 2,3 puntos menos que al principio de la recesión), ampliar su número de depósitos un 14,5%, aumentar su liquidez nada menos que un 78% y reducir su deuda a corto plazo un 38%, tal y como pone de manifiesto el informe “That shrinking feeling: tracing the changing shape of the European Banking Industry”, elaborado por la firma de servicios profesionales PwC.
El estudio, que ha analizado al efecto las cuentas de 2009 a 2013 de un total de 33 bancos (17 de ellos de la UE y el resto pertenecientes a Australia, Canadá, Japón y Estados Unidos), concluye que seis años después del inicio de la crisis financiera mundial, la gran banca europea tiene unos balances mucho más sanos, ajustados y líquidos. No obstante, lo cierto es que también advierte que todavía tiene que acabar de ajustarse a las nuevas exigencias regulatorias.
De esta manera, para Alejandro Esnal, socio de PwC responsable de Auditoría en el sector Bancario, “la banca europea ha hecho un gran esfuerzo en muy poco tiempo, cuenta con unos balances más sólidos y saneados que antes de la crisis y está en una mejor posición para aprovechar las oportunidades de negocio que se van a recuperar a medida que la economía en la UE se vaya recuperando”.










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