La continua aparición de sistemas que ponen en riesgo la seguridad de las compañías, junto a la facilidad que las tecnologías aportan en la disponibilidad de datos a las organizaciones, hacen necesario un sistema de respuesta en las empresas para paliar los efectos de aquellos y aprovechar la eficacia de la información.
En el ámbito de los organismos estatales denominados genéricamente como “servicios de inteligencia” se ha originado una nueva disciplina científica, la “Inteligencia”, que aquéllos han perfilado para su correcta utilización práctica como herramienta para generar conocimiento a partir de la adecuada obtención y tratamiento de la información.
Esta “Inteligencia” ha sido configurada a partir de la integración de elementos de diversas ciencias como la Filosofía de la Ciencia, la Biblioteconomía y Documentación, las Ciencias de la Información, las Matemáticas (Estadística, Optimización y Criptología), la Informática (bases de datos, programas de gestión, de minería de información, etc.) y la Doctrina Militar (Estrategia, Seguridad y Defensa). Se trata, en cualquier caso, de una disciplina que conceptúa, estructura, sistematiza y procedimentaliza algo que ya se encuentra en el cerebro humano operando automáticamente (el proceso intelectivo) y lo transmuta al ámbito organizacional para convertirlo en una función específica y reglamentada de un órgano de inteligencia.
En la actualidad, en la llamada “era de la información”, la sociedad post-industrial presenta el auge de la tecnología y las comunicaciones, en un proceso creciente de globalización e interrelación compleja, el cual genera ingentes cantidades de información y múltiples vías de acceso y comunicación de la misma en tiempo real. Sin embargo, ello crea problemas de saturación y ruido informativo, al tiempo que requiere nuevos sistemas de protección de la información. La sobreabundancia informativa crea así nuevos paradigmas, como el del mayor valor de la atención frente a la información. Por todo ello, la “Inteligencia” se dirige a la consecución del conocimiento verdadero partiendo del tratamiento metodológico de una información seleccionada que, de por sí, puede no ser de gran utilidad.
Podemos definir el concepto de “Inteligencia” como el producto que resulta de la evaluación, la integración, el análisis y la interpretación de la información reunida, a través de un proceso de elaboración denominado “Ciclo de Inteligencia”. Consecuentemente con lo anterior, el “Ciclo de Inteligencia” constituye el proceso secuencial retroalimentativo de generación y comunicación de conocimiento nuevo partiendo de la obtención y tratamiento de la información apropiada, ajustado a lo requerido por su destinatario. Ese producto es, por lo tanto, un conocimiento elaborado, verdadero y útil al destinatario del proceso, que será la autoridad, organismo o entidad del cual depende el órgano de inteligencia.
Las fases del proceso de “Inteligencia” son las siguientes: dirección (que fija los objetivos informativos), obtención (que recolecta la información por diversas fuentes técnicas o humanas), producción/elaboración (la cual estructura la secuencia de evaluación, integración, análisis e interpretación de la información) y, finalmente, difusión (que confecciona el informe para su destinatario). Cada una de estas fases se desarrolla mediante métodos y técnicas propios del campo de la “Inteligencia”, cubriendo las dimensiones temporales actual y prospectiva.
Durante la “Guerra Fría”, surge en la segunda mitad del siglo XX la moderna doctrina sobre guerra económica, la cual se desenvuelve en la dimensión económica de la Seguridad Nacional, siendo objeto de las divisiones orgánicas de inteligencia económica, ciencia y tecnología de los servicios de inteligencia. La “Inteligencia Económica” es un tipo de “Inteligencia” por la materia tratada, la Economía, con las vertientes macroeconómica, financiera y empresarial. En su enfoque prevalece el interés público general y de Seguridad Nacional. Pero hoy en día, el proceso de creciente globalización económica e internacionalización de las empresas ha ampliado el escenario de la Seguridad Nacional Económica, por lo cual los servicios de inteligencia afrontan retos de mayor complejidad, a los que no pueden sustraerse las propias entidades empresariales.
La metodología que se ha construido en la “Comunidad de Inteligencia” para el campo de la economía es susceptible de emplearse (con los oportunos ajustes y limitaciones propios de los diferentes principios, parámetros y medios empleados) a nivel corporativo, de modo tal que surge una función que podemos denominar “Inteligencia Corporativa”. La difusión de la “Cultura de Inteligencia” en el ámbito económico y el sector empresarial propicia que, en el contexto científico de la “Inteligencia Económica”, nazca como aplicación específica al campo de los negocios y a la empresa una sub-disciplina que calificamos como “Inteligencia Corporativa” y que es susceptible de constituir una herramienta para los órganos de gobierno y gestión.
Definimos “Inteligencia Corporativa” como la Inteligencia especializada en el ámbito corporativo y desarrollada por la propia entidad como función corporativa. Aporta conocimiento al gobierno corporativo y a la dirección ejecutiva para su toma de decisiones con gran trascendencia a nivel estratégico, pero también aplicable en los escalones operacional y táctico. Su materia es económica destacando (sin limitarse) el sector empresarial y el negocio en la esfera de interés corporativo concreto. Si bien presenta aspectos conceptuales y procedimentales idénticos a la “Inteligencia” propia de los servicios del Estado, la arquitectura de “Inteligencia Corporativa” exige un ajuste específico orgánico y metodológico al ámbito del negocio y a la estructura de la sociedad, estando las fuentes de información y técnicas de obtención limitadas (a fuentes abiertas, con prohibición legal del espionaje) y requiere un enfoque metodológico integrado holístico acorde con la cultura e identidad corporativa.
Aunque actualmente se encuentran más difundidos los términos de “Inteligencia de Negocios”, “Empresarial” o “Competitiva”, preferimos el término “Inteligencia Corporativa”, pues éste es más completo al definir su materia objeto, es decir la corporación y su entorno (el negocio, la entidad como tal y toda función corporativa, especialmente I+D, seguridad y competitividad), y su sujeto activo, que es la corporación por sí misma (sea una empresa, banco o fondo de inversión). Por el contrario, la denominación “Inteligencia de Negocios” es más limitativa, pues, aunque principal, el negocio es una dimensión de la compañía; la “Inteligencia Empresarial” puede referirse a la materia empresarial, pero no siendo realizada por entidades empresariales, además de presentar restricciones semánticas (podemos referirnos a bancos o fondos de inversión); y la “Inteligencia Competitiva” constituye propiamente un subtipo funcional, que es aquel enfocado frente a los competidores en el mercado.
Se crea así una nueva función que se proyecta sobre la propia organización corporativa, los competidores y los clientes, orientada a aumentar su eficiencia y competitividad. La aparición de la “Inteligencia Corporativa”, reciente en España pero con gran tradición en EE.UU. y Reino Unido principalmente (y, en menor medida, en Francia, Alemania o Suecia), se enmarca en la tendencia actual de generación de nuevas funciones corporativas especialmente en las grandes compañías (a semejanza de funciones hasta ahora exclusivamente estatales), debido a la alta tecnificación de medios (que permite mayor volumen de procesamiento de información), complejidad organizativa (que requiere mejor coordinación operativa), repercusiones públicas (como las derivadas de la privatización de servicios públicos) y expansión internacional. Aparecen así la “Diplomacia Corporativa”, la “Responsabilidad Social Corporativa” y la “Inteligencia Corporativa”.
Por otra parte, no debe olvidarse que la “Inteligencia Corporativa” está estrechamente ligada a la seguridad de la empresa, por cuanto que la centralización del conocimiento constituye una potencial vulnerabilidad. Estará vinculada por tanto al departamento de seguridad, el cual actuará para la protección de la información (encriptación) y le apoyará en el diseño de operaciones de contrainteligencia.
La perspectiva funcional de la “Inteligencia Corporativa” es consonante con el ánimo de lucro del negocio y el interés concreto de los objetivos estratégicos corporativos de la entidad a la que sirve. No asume (en teoría y formalmente) el objetivo de salvaguarda de la Seguridad Nacional pero, dada la primacía del sector privado empresarial en los actuales sistemas político-económicos de mercado, los objetivos del negocio (el interés corporativo) devienen también, especialmente, aunque no de modo único, de interés genera en subsectores estratégicos como las industrias de defensa, energía o telecomunicaciones, pues la bonanza general de las empresas favorece a la sociedad en su conjunto y sirve a la proyección exterior de los intereses nacionales. De ahí que se presente una potencial interacción público-privada entre la “Comunidad de Inteligencia” y los órganos empresariales de “Inteligencia Corporativa”, los cuales son susceptibles de contribuir a la reserva de inteligencia. Por ello, es de indubitable interés para la “Comunidad de Inteligencia del Estado” favorecer el desarrollo de la “Inteligencia” como función corporativa.
Por Rafael José de Espona, Académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (Instituto de España) y Consejero del Instituto de Relaciones Internacionales y ciencia Política de la Universidad de Vilnius
(*) Resumen de la conferencia pronunciada en NEBRIJA Business School a finales de enero de 2012
Imagen cortesía de Renjith Krishnan/ FreeDigitalPhotos.net










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