La mayor amenaza para la estabilidad mundial en los próximos diez años proviene del riesgo de conflictos internacionales, según la décima edición del informe “Global Risks” del Foro Económico Mundial, en el que, como todos los años, los expertos (900 en esta ocasión) evalúan los mayores riesgos globales por su probabilidad y posible impacto en todos los ámbitos durante los próximos diez años.
El estudio considera en concreto que los conflictos entre Estados con consecuencias regionales representa el principal riesgo por su probabilidad y el cuarto por su impacto. Por su probabilidad, este riesgo supera a los fenómenos meteorológicos extremos (segundo lugar), las deficiencias de los sistemas nacionales de gobernanza (tercera posición), el colapso o crisis del Estado (cuarto riesgo en importancia) y el elevado desempleo y subempleo estructurales (quinto lugar). Entre tanto, por su impacto, el principal riesgo es la crisis del agua, seguida por la propagación rápida y masiva de enfermedades infecciosas, por las armas de destrucción masiva, por el ya mencionado conflicto entre estados con consecuencias regionales y, en quinto lugar, por la falta de adaptación al cambio climático.
Lo cierto es que, entre el total de 28 riesgos globales evaluados en 2015, que están divididos en cinco categorías(económicos, ambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos), los riesgos geopolíticos regresan este año a un primer plano, tras haber estado ausentes del horizonte de principales riesgos en el último lustro. Y dado que la geopolítica ejerce cada vez más influencia sobre la economía mundial, este ámbito incluye tres de los cinco riesgos más probables y dos de los que mayor impacto pueden tener en 2015. Además, tres riesgos de esta categoría destacan por haberse intensificado más desde 2014 en términos de probabilidad e impacto: los conflictos interestatales con consecuencias regionales, las armas de destrucción masiva y los ataques terroristas.
En cualquier caso, en el horizonte de riesgo para 2015, también se avanza que la capacidad del mundo para resolver los problemas sociales más urgentes sigue siendo motivo de especial preocupación, pues las sociedades sufren la amenaza de riesgos económicos, ambientales y geopolíticos. De hecho, dos de los riesgos que pueden tener el mayor impacto son riesgos sociales.
En esa línea, es preciso reseñar que, entre los principales riesgos, hay más riesgos ambientales que económicos, debido sin duda a que los expertos valoran mucho más negativamente los actuales preparativos para hacer frente a retos como los fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático, y no a una disminución de los temores que despiertan los riesgos económicos crónicos, como el desempleo, el subempleo o las crisis fiscales, que se mantuvieron relativamente estables en 2014.
El “Global Risks 2015”, que se ha llevado a cabo con la ayuda de Strategic Partners Marsh & McLennan Companies y Zurich Insurance Group, además de ponderar la probabilidad y el posible impacto de estos 28 riesgos globales, también examina las interconexiones entre ellos, así como la forma en que interactúan con las tendencias que configuran el horizonte de riesgo a corto y medio plazo. E incluso analiza tres casos concretos que surgen de los mapas de interconexión: la interacción entre la geopolítica y la economía, los riesgos derivados de la urbanización rápida y no planificada en los países en desarrollo y los riesgos de las nuevas tecnologías.
En lo que se refiere a la urbanización, examina la mejor manera de desarrollar suficiente resiliencia para mitigar los retos que plantea gestionar la rápida e histórica transición mundial de una vida predominantemente rural a una vida urbana. Y en cuanto al vertiginoso ritmo de la innovación en las nuevas tecnologías, señala que desde la biología sintética hasta la inteligencia artificial también tienen implicaciones sociales, económicas y éticas de gran alcance. Por ello, desarrollar marcos normativos suficientemente adaptables para proteger su rápido desarrollo y aprovechar al máximo dichas tecnologías, al mismo tiempo que se evite el mal uso de las mismas y las posibles consecuencias negativas imprevistas, constituye un reto crucial para los dirigentes.










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