Por María Aguirre Aldereguía, Abogada Fiscalista de Díaz-Bastien & Truan Abogados en Madrid (DBT Abogados Madrid).
En casi todas las sociedades desarrolladas se regulan medidas protectoras para evitar la extinción de especies en peligro. Pero en la España de los “brotes verdes” se produce un retroceso en este sentido, ya que se han aprobado una serie de medidas fiscales que provocarán, a medio plazo, junto con otros factores, la definitiva desaparición de la clase media española.
La proclama gubernamental para justificar esta gran reforma es la consecución de tres objetivos fundamentales:
– Incentivación del ahorro.
– Fomento y crecimiento del consumo.
– Protección de la familia y el mecenazgo.
Para alcanzar tales objetivos, se reducen los tramos de tributación y los tipos mínimo y máximo; se incrementan los mínimos familiares; se crean nuevas deducciones para las familias numerosas, para descendientes y ascendientes discapacitados, y se incrementa la deducción aplicable a los donativos hasta el 50% (75% en 2016).
La cara falsa de la moneda se encuentra en la reducción de los límites de aportación a planes de pensiones; la supresión de la exención de los primeros 1.500 euros de rendimientos de capital; la supresión de los coeficientes de actualización del valor de adquisición de los inmuebles; la tributación de la venta de los derechos de suscripción, y la prima de emisión.
Y se agudiza la desprotección de la clase media, puesto que la reducción de tipos afecta en mayor medida a las rentas más bajas y a las más altas, no a las rentas medias. A pesar del aumento de los mínimos familiares, seguimos a la cola de Europa en protección familiar, las nuevas deducciones son aplicables a una minoría y la deducción incrementada se aplica a donativos máximos de 150 euros.
Lo cierto es que la clase media española lleva años sosteniendo un sistema de bienestar social, contribuyendo fielmente con su trabajo, sus impuestos y contribuciones sociales al mantenimiento de la sanidad, la educación y las pensiones públicas y, con lo poco que sobra, al consumo, al ahorro y a la inversión. Pero las economías familiares, tras años de estancamiento económico y sacrificio, están agotadas: la capacidad de ahorro es casi nula y el consumo se restringe a gastos básicos y -por sabia decisión- a la educación de los hijos.
El Estado español, con una reforma no necesariamente fiscal, debería intentar salvaguardar las especies en peligro de extinción, en lugar de componer y entonar su “réquiem”. En especial, debería proteger a la “rara avis” que, como la callada clase media española, contribuye con su esfuerzo diario al sostenimiento del tan denostado estado del bienestar.










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