Por Ángeles de la Flor, Socia Fundadora de Aflora, consultoría especializada en servicios de coaching, desarrollo de personas y transición profesional.
Sin lugar a dudas, uno de los principales problemas actuales a los que se enfrenta España es el paro. Con la tasa de desempleo más alta de la Unión Europea, es necesario realizar un cambio sustancial de mentalidad en lo que se refiere al mercado de trabajo. Y en ese cambio juega un papel importante un concepto que ha ido adquiriendo cada vez más fuerza: la empleabilidad.
La empleabilidad es el conjunto de todas las cualidades (habilidades, formación, experiencias…) que hacen que un profesional tenga valor en el mercado. Se trata así de un rasgo que cualquier persona que no quiera verse alienada profesionalmente debería tener en cuenta a lo largo de toda su carrera.
Tal y como se afirma en el estudio “Empleabilidad, talento y esfuerzo: el camino del éxito”, realizado hace unos meses por la consultora Convencer con Comunicación y en el que han colaborado, además de Aflora, otros expertos del sector (José Antonio Sáinz, consejero delegado de Eurotalent, Camilla Hillier-Fry, socia de PeopleMatters, y Carlos Hernández, fundador de Dosabrazos), la empleabilidad es un concepto que será relevante mucho tiempo, porque la naturaleza del empleo ha cambiado y nos encontramos en la era del talento. Hoy nos hallamos en un entorno cambiante en el que el empleo “vitalicio” desaparece y cobra protagonismo la flexibilidad, la adaptación y la movilidad.
Según un estudio de la firma de recursos humanos Manpower, al llegar a los 38 años, los trabajadores contarán con un recorrido profesional de entre 10 ó 14 trabajos. Por este motivo es vital adaptarse al entorno y poner el foco en la empleabilidad.
¿Cómo ser una persona “empleable”?
Una persona “empleable” será aquella que tenga la agilidad suficiente para anticiparse y adaptar de manera constante sus conocimientos, competencias y habilidades a las demandas del mercado de trabajo. De ahí que la manera de fomentar la empleabilidad sea encontrar el equilibrio entre aptitudes y actitudes.
En esa línea, la formación permanente a lo largo de la vida y la orientación serán fundamentales para desarrollar aptitudes y para el desarrollo de actitudes. Se centrará en la importancia de no dejar de lado las habilidades personales y profesionales buscando su mejor desarrollo y rendimiento.
Hay que tener en cuenta, por otro lado, y en cuanto a lo que buscan las empresas, que la capacidad intelectual tiene un peso del 23%, mientras que el 77% restante tiene que con la aptitud emocional. Esto se refiere a virtudes como la capacidad de comunicación, influencia, negociación, liderazgo, trabajo en equipo, adaptación al cambio, etc. Todas estas habilidades pueden ser desarrolladas a través de técnicas como el mentoring o el coaching y tienen un gran valor para el profesional.
Imagen cortesía de David Castillo Dominici/ FreeDigitalPhotos.net










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