Nada menos que el 48,6% de los jóvenes españoles de 18 a 24 años afirma que aceptaría cualquier trabajo, en cualquier lugar y aunque tuviera un sueldo bajo. De hecho, el 84,9% considera muy o bastante probable tener que trabajar en lo que sea, el 61,7% estima igual de probable tener que irse al extranjero y el 79,2% tener que estudiar más. A pesar de esta disponibilidad, una abrumadora mayoría de nuestros jóvenes (80%) se muestra convencida de que, al menos en un futuro próximo, tendrá que depender económicamente de su familia, según el estudio “Crisis y contrato social. Los jóvenes en la sociedad del futuro”, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.
Basada en 1.000 entrevistas realizadas a jóvenes de 18 a 24 años y en ocho grupos de discusión, la investigación, que analiza cómo viven los jóvenes españoles la aparente ruptura del “contrato social” y el compromiso implícito entre los jóvenes y la sociedad, revela que un 70,9% de los jóvenes hacen responsables al Gobierno y a los partidos políticos (un 50,7% echan la culpa a los responsables económicos, sean empresarios o banqueros, otro 39,3% se la achaca a la situación económica mundial y un 19,6% al conjunto de la sociedad) y reclaman en general un cambio de rumbo en la formación: una mayor conexión con lo laboral, con la empresa y, sobre todo, más ayudas para poder encontrar empleo.
Para mejorar la situación de los jóvenes en nuestro país, éstos demandan fundamentalmente más incentivos a las empresas para que contraten jóvenes (medida solicitada por el 39,2%), leyes para mejorar las condiciones laborales de los jóvenes (considerada por el 35,8%), más ayudas a los jóvenes emprendedores (apuntada por un 35,3%), más ayudas para los estudios (opción del 34,4%), mejorar la formación, la calidad de los estudios (elegida por un 27,5%), mejorar las ayudas a la emancipación (señalada por un 22,5%), aumentar las ayudas a la compra de vivienda (indicada por un 13,4%) o el aumento de ayudas para el alquiler de vivienda (propuesta por un 11,6% de los consultados).
En cualquier caso, también pone de manifiesto que si bien la crisis afecta a la juventud en su totalidad, no aqueja de igual manera a todos los jóvenes, pues la clase social de procedencia establece diferencias importantes y agudiza la brecha social. En esa línea, las clases sociales más vulnerables viven más intensamente el desempleo y tienen niveles educativos más bajos y más problemas para recuperar los estudios. Entre tanto, para los jóvenes pertenecientes a estatus alto y medio y para aquellos que cursaron estudios universitarios o profesionales, la crisis supone el peligro de no conseguir sus objetivos o, como mínimo, la rebaja o el aplazamiento de sus expectativas vitales. Y, por su parte, para los y las jóvenes encuadrados en clases medias y bajas y para aquéllos que abandonaron sus estudios o tienen una cualificación baja, la crisis representa un peligro real que incluso pone en juego la supervivencia y la integración social (y posiblemente la vuelta a un pasado de desigualdades profundas y falta de oportunidades).
En cualquier caso, la crisis ha supuesto en general para los jóvenes españoles una frustración de sus expectativas y una visión fatalista del futuro, hasta el punto de que sólo un 20% de los jóvenes cree que mejorarán en los próximos dos o tres años, frente al 36% que piensa que empeorarán; a su vez, casi un 40% piensa que en ese plazo no habrá cambios sustanciales. Por otra parte, casi tres de cada cuatro jóvenes (71%) creen poco o nada probable encontrar trabajo en el próximo año.
Imagen cortesía de Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.net









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