Por Jordi Damià, Profesor de la Universitat Politécnica de Cataluña y Consejero Delegado de Setesca, Consultora especializada en el incremento de valor de las empresas y en proyectos de mejora de procesos.
La situación de crisis económica vivida recientemente ha tenido en el mundo empresarial, entre otras consecuencias, un cambio sustancial en lo que se refiere a la relación establecida entre el trabajador y la empresa. Las modificaciones en las condiciones laborales, el aumento de la demanda de empleo o la disminución de puestos han sido algunas de las causas de la modificación en esa relación.
En ese sentido, entiendo que los ejes centrales que sustentan esa nueva relación son:
- 1. De relación laboral a puramente mercantil: el empleado como producto
Una de los principales impactos de la crisis es que tanto a empresas como a empleados les es difícil crear vínculos emocionales con las empresas más allá de una relación estrictamente laboral. De hecho, más que laboral, la relación se ha vuelo mercantil, puesto que tanto empleados como empresas saben que con la legislación laboral actual uno puede despedir a otro a un coste mínimo, y lo hará en el momento en que el empleado no le proporcione más beneficio que el coste que supone a la compañía.
En cualquier caso, aparte del estrés que esta situación supone en los empleados, es importante que tanto empresas como trabajadores se adapten cuanto antes a esta nueva situación para normalizar la relación y ser lo más efectivos en la consecución de objetivos.
- 2. Realidad y consecución de objetivos
En el nuevo marco empresarial, la compañía debe ser sincera con los trabajadores en cuanto a la realidad existente, no creando más expectativas que las necesarias, y mucho menos caer en un falso paternalismo. De hecho, explicar claramente que, cuanto más beneficio produzca un empleado, más perdurará la relación laboral, hace que se definan más claramente las expectativas. Esto requiere una excelente gestión de los objetivos por parte de los directivos, premiando no solamente los objetivos individuales, sino también los de grupo.
- 3. Competencias y habilidades para la competitividad
Por parte del empleado, entender que durará en la empresa tanto como el beneficio neto respecto a su coste produzca le clarifica su situación y le permite construir su propio modelo profesional.
Debe encontrar y potenciar aquellas competencias y habilidades que le hacen más competitivo.
- 4. Comunicación
Del mismo modo, tendrá que conocer las técnicas para comunicar adecuadamente sus habilidades, ya que esta nueva situación, donde todos los trabajadores potencialmente pasan a ser profesionales liberales, puede abrir oportunidades profesionales donde se haya sabido vender el beneficio aportado por el profesional.
- 5. Mejora continua
La excelencia en el puesto de trabajo es crítica, por lo que los empleados deben utilizar técnicas de mejora continua. Este nuevo modelo laboral permite también mantener varias relaciones laborales al unísono e incluso trabajar por proyectos, en vez de por contratos, lo que permite aumentar normalmente los ingresos por proyecto (aunque aumenta también la temporalidad de los mismos).









Print
Email

