Aunque los empleados de las Administraciones Públicas de Europa esperan una adopción relativamente lenta de los nuevos avances tecnológicos en los próximos cinco a diez años en su lugar de trabajo (sobre todo en comparación con los empleados del sector educativo, los servicios financieros y el sector sanitario), están convencidos sin embargo de que sí se utilizarán numerosas innovaciones en el mismo en el futuro. De hecho, según un reciente estudio realizado por Coleman Parkes Research para la multinacional japonesa de soluciones tecnológicas para oficina Ricoh, este colectivo predice que en los próximos 20 años sus oficinas estarán dominadas por tecnología altamente sofisticada que transformará en gran medida su forma de trabajar.
En ese sentido, por ejemplo, el 70% de los empleados públicos europeos consultados piensa que en 2034 utilizarán ya la realidad aumentada, en tanto que un 62% también están convencidos de que tendrán robots de sobremesa, otro porcentaje similar (62%) que usarán drones e incluso un 56% apuesta porque las innovaciones en su lugar de trabajo contemplarán también nodos de transmisión que podrían permitir la conexión de información directamente al cerebro del empleado en forma de señales electrónicas.
Lo cierto es que los empleados de las Administraciones Públicas valoran decididamente las ventajas que representa para su labor un lugar de trabajo evolucionado tecnológicamente, hasta el punto que el 59% de los encuestados cree que al disponer de un lugar de estas características tendrán mejor acceso a la información que necesitan para poder desarrollar su trabajo, mientras que el 55% indica que les ayudará a terminar sus tareas con mayor rapidez y el 51% que contribuirá a mejorar la colaboración entre los empleados. Además, con el ahorro, tanto de tiempo como de energía, gracias a la adopción de tecnología avanzada y de los principales procesos que sustentan su uso, las organizaciones pueden volver a alinear los recursos y el personal para ofrecer un mejor servicio a los ciudadanos.
No obstante, también es verdad que esa evolución tecnológica choca actualmente con diversos obstáculos, empezando por el clima económico cambiante del momento y la presión por optimizar los procesos de negocio con pocos costes. Así, el estudio muestra que un 56% de los consultados apunta al coste, un 46% a la seguridad e incluso un 43% estima un problema la normativa del propio gobierno. Y otras barreras apuntadas son también la propia resistencia de los empleados (por el 33%), la reticencia a adoptar nuevas forma de trabajar o nuevos procesos internos (27%) y la capacidad para interactuar con los sistemas tecnológicos anteriores (27%).
Imagen cortesía de taoty / FreeDigitalPhotos.net










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