En definitiva, que si estuviéramos hablando de la historia de la comercialización, la política está en una fase anterior a la requerida por la sociedad. Para alcanzar sus objetivos (salir elegidos), la política está “orientada a la venta” (conseguir que le voten, cueste lo que cueste), donde el contenido de las ideas, los hechos, comportamientos, decisiones, tienen una función más formal que de compromiso, mientras que la ciudadanía está demandando, al igual que en el ámbito comercial y empresarial, que las organizaciones políticas se orienten al marketing; que se centren los esfuerzos, decisiones y actos en las necesidades de los ciudadanos y en sus deseos, y que sus productos y los servicios que prestan se ajusten a esas necesidades.
De no superar este “gap”, la clase política caerá todavía en una peor valoración por parte de los ciudadanos de la que ya ahora disfrutan, y esto no será beneficioso para nadie, puesto que entiendo que la política es un ámbito estratégico imprescindible para el desarrollo de las sociedades, así como que las personas que se dedican a la “rex publica” merecen toda mi admiración, pues, en definitiva, esa dedicación supone trabajar por algo tan altruista y meritorio como el conseguir cosas buenas para la sociedad y el bienestar de los conciudadanos.
Me pregunto finalmente si las revueltas y manifestaciones ciudadanas en Portugal, Grecia, España, Islandia, etc. no tendrán que ver con algo de todo lo comentado aquí. Estoy absolutamente convencido que en el mundo de la política debe evolucionar hacia el marketing. Ya sabemos qué ocurre cuando una empresa no cumple las expectativas de sus clientes: o se busca otra empresa para abastecerse o se deja de comprar el producto.
Imagen cortesía de ddpavumba / FreeDigitalPhotos.net










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